
100 Santiago
5 Discusión
Los hallazgos de este estudio muestran que en la COAC Jardín Azuayo el liderazgo humanizado no constituye un
estilo accesorio, sino el principio estructurante de la organización. Priorizar el “ser” sobre el “tener” se traduce en prácticas
que combinan eficiencia financiera con dignidad laboral y cohesión comunitaria, desafiando la noción clásica de que la
orientación hacia la persona compromete la rentabilidad. Las narrativas muestran que la confianza y la autonomía generan un
sentido de responsabilidad compartida. Esto hace que los colaboradores cumplan con sus metas y que la institución mantenga
estabilidad financiera, lo cual coincide con lo que se observa en organizaciones con climas de alto compromiso. La literatura
contemporánea ofrece marcos que ayudan a interpretar esta experiencia. El liderazgo servidor explica la horizontalidad y la
preocupación por el otro (Liden et al., 2008), el liderazgo transformacional describe la movilización emocional y el propósito
compartido (Bass, 1999; Gomaa et al., 2025), y el liderazgo auténtico ilumina la coherencia entre valores y conducta (Avolio
& Gardner, 2005; Zhang et al., 2022).
El liderazgo observado no es una mezcla casual de estilos, sino una integración coherente, el servicio sostiene la
horizontalidad, la transformación moviliza un propósito común y la autenticidad asegura que las palabras se correspondan
con las acciones. En conjunto, estos elementos forman una cultura organizacional que coloca la dignidad en el centro.
Sin embargo, aplicados de manera aislada, estos enfoques no capturan la síntesis observada en Jardín Azuayo, donde
servicio, transformación y autenticidad se integran orgánicamente como condición de sostenibilidad. Esta integración se
aproxima a la gestión humanista de Pirson y Lawrence (2010), que coloca a las personas como fines, pero aquí el humanismo
constituye el principio generador de la arquitectura organizacional.
El vínculo entre liderazgo humanizado y clima laboral se refleja en niveles de satisfacción superiores al 80 % y baja
rotación, coherentes con los planteamientos de Kahn (1990) y Leroy et al., (2015) sobre seguridad psicológica y compromiso.
No obstante, las narrativas sugieren que estos indicadores están mediados por la afinidad cultural previa de los colaboradores
con los valores cooperativos, más que por un efecto universal del liderazgo.
En este sentido, el compromiso de los colaboradores depende en gran medida de que sus valores personales coincidan
con los de la cooperativa. Cuando esta coincidencia es fuerte, el liderazgo humanizado se potencia; cuando es débil, se
requiere un esfuerzo mayor de socialización para lograr el mismo nivel de compromiso.
Así pues, la satisfacción parece derivar de la compatibilidad axiológica entre personas y organización, lo que plantea
interrogantes sobre la capacidad del modelo para generar compromiso en individuos que no comparten inicialmente la
filosofía cooperativista.
Por otra parte, la confianza derivada de la ausencia de controles coercitivos potencia la responsabilidad compartida y
el desempeño, en línea con estudios sobre engagement y desempeño sostenible (Corbeanu & Iliescu, 2023). Este patrón
narrativo muestra que la confianza y la autonomía refuerzan la responsabilidad colectiva, lo que convierte la seguridad
psicológica en cumplimiento de metas y estabilidad financiera. Por otro lado, los informantes reconocen que el crecimiento
institucional dificulta sostener prácticas como la accesibilidad directa a la gerencia, lo que evidencia límites de escalabilidad.
El crecimiento de la cooperativa dificulta mantener esta cercanía con la gerencia, que ha sido un símbolo de horizontalidad.
Para sostener esa percepción de proximidad, se necesitan mecanismos institucionales como espacios de escucha, comités
representativos y rotación de vocerías.
Asimismo, la figura de líderes “maestros” aparece como elemento central en la transmisión de valores, pero su
sostenibilidad depende de procesos de sucesión generacional, coincidiendo con debates recientes sobre resiliencia
organizacional (Yuan, 2025). La continuidad del modelo depende de que los valores transmitidos por los líderes actuales se
conviertan en prácticas institucionales. Esto implica mentoría, codificación de rutinas y evaluación entre pares, de manera que
la cultura no dependa solo de figuras carismáticas. La coherencia con la EPS se materializa en decisiones como el tope salarial
de cinco por uno y la compra a proveedores solidarios, reforzando la equidad señalada por Goel (2013) y la gobernanza
participativa documentada por Jamaluddin et al., (2023).
De igual manera, la comparación con otras cooperativas ecuatorianas muestra que la adscripción formal a principios
solidarios no garantiza praxis humanizada, confirmando que la autenticidad institucional depende de condiciones culturales
específicas y de una masa crítica de colaboradores comprometidos. Así mismo, la coherencia entre valores y prácticas no se
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