
Liderazgo participativo en el escenario post pandemia 85
Como resultado del liderazgo participativo ha sido validado en diferentes contextos. Investigaciones recientes han
demostrado su aplicabilidad en empresas tradicionales como en empresas emergentes, como startups tecnológicas y
organizaciones diferenciadas o con una cultura organizacional horizontal (Abd et al., 2023; Jing et al., 2017). El liderazgo
participativo se distingue, no sólo como una práctica organizacional, sino como un estilo para la sostenibilidad en contextos
de cambio acelerado. La frontera del conocimiento de esta categoría de análisis permite apostar por un liderazgo participativo,
que no solo constituya una alternativa de gestión más humana e inclusiva (Likert, 1967; McGregor, 1960), sino que represente
una ventaja competitiva organizacional en entornos más dinámicos y cambiables (Somech, 2005; Magzan, 2011). La
evidencia teórica actual muestra como la participación de los empleados en la toma de decisiones ha fortalecido ecosistemas
abiertos a la innovación, la resiliencia y la capacidad de adaptación (Arnold et al., 2000; Jing et al. 2017), los cuales son
elementos importantes para enfrentar los desafíos contemporáneos, especialmente en el periodo post pandemia, asimismo, el
liderazgo participativo promueve un buen clima organizacional (Pedraja & Rodríguez, 2004), disminuyendo los niveles de
rotación laboral y favoreciendo la internalización de las estrategias corporativas, por parte de los colaboradores.
Un estudio reciente realizado por Wang et al. (2022) ofrece una revisión de la literatura existente, consolidando
los principales avances teóricos y metodológicos en torno a este estilo de liderazgo. Los autores demuestran que, se ha
incrementado la necesidad de adoptar enfoques colaborativos en la toma de decisiones, lo cual ha apostado por el interés en
este estilo de liderazgo. Esta revisión no solo conceptualiza y propone una definición de este, sino que compara este estilo
con otros modelos como el liderazgo empoderador y el directivo.
Por tanto, el tránsito hacia modelos de liderazgo participativos hace un llamado a las organizaciones para generar un
aporte en las prácticas de gestión de talento y de las teorías organizacionales (Silong et al., 2009; Abd et al., 2023). En este
sentido, el estilo invita a buscar la transformación en actores dinámicos e innovadores en la nueva economía del conocimiento,
donde la flexibilidad, la colaboración y la adaptabilidad son capacidades importantes para la sostenibilidad a largo plazo
(Lewis, 1973; Villalva & Fierro, 2017).
2.2 Las organizaciones en el escenario postpandemia
En el periodo de postpandemia, las organizaciones están viviendo una transformación, que se relaciona a nuevas formas
de trabajo, metodologías ágiles y estructuras flexibles en cuanto a la organización; las teorías clásicas de la administración,
como la teoría de la burocracia de Weber (1922), la teoría de la administración científica de Taylor (1911) y la teoría de las
relaciones humanas de Mayo (1933), se consideran como bases teóricas que fundamentan y permiten analizar estos cambios
organizacionales en la actualidad.
En este contexto, Weber (1922) estableció que las organizaciones eficaces operan bajo una estructura jerárquica, con
normas y procedimientos que garanticen la eficiencia, el control y el desarrollo de la actividad económica, es decir que
durante la pandemia y en el período actual, esta estructura burocrática se ve desafiada por la necesidad de mayor agilidad
y de colaboración entre los empleados, e incluso con otros grupos de valor (stakeholders) que hacen parte del ecosistema
empresarial.
A su vez, se reconoce que las organizaciones han pasado a modelos flexibles, que descentralizan la toma de decisiones
a rangos jerárquicos diferentes, para adaptarse a un entorno caracterizado por la volatilidad (Fukuyama, 2021; Mintzberg,
2022), dónde las decisiones deben ser más rápidas, pero que tengan en cuenta variables contextuales (políticas, económicas,
tecnológicas, ambientales, legales, etc.). Este cambio en las prácticas organizaciones, la burocracia ha sido complementada
con estructuras adhocráticas y los equipos autogestionados, que permiten una respuesta más rápida a los cambios del mercado
y las crisis, sin desdibujar la capacidad de gestión, por lo que surgen metodologías de micromanagement, o de seguimiento
a las tareas diarias de los empleados sin sacrificar la operación o el reconocimiento empresarial. Por su parte, la propuesta
teórica de Taylor (1911), sobre la productividad, se incrementa a través de la estandarización de tareas y la supervisión
estricta (micromanagement), sin embargo, en el escenario post pandemia, el auge del trabajo remoto, la inteligencia artificial
y la automatización, el modelo de gestión al seguimiento de tareas ha tomado cancha, sobre todo en escenarios laborales
remotos. Los estudios recientes, como los de Davenport y Kirby (2020), relacionan que las tecnologías son un reemplazo de
algunos principios de la productividad de Taylor, promoviendo la automatización de procesos repetitivos, la macdonalización
y colocando a los trabajadores en tareas más estratégicas y creativas. Además, crece el llamado “trabajo basado en resultados”
que en lugar de la supervisión presencial, ha replanteado las prácticas tradicionales de eficiencia y eficacia a un seguimiento.
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