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García, Pulgarín
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Introducción
La formación en competencias gerenciales se ha convertido en un factor clave para mejorar el desempeño organizacional,
no solamente con destrezas técnicas o mecánicas sino más bien con su vínculo con habilidades blandas, esta tendencia
responde a una creciente demanda en los programas de formación de administradores, en los que se privilegia el desarrollo de
capacidades como la comunicación efectiva entre otras. Diversos estudios en el campo del liderazgo y la gestión coinciden en
señalar que el fortalecimiento de este tipo de competencias, impulsado desde los niveles directivos más altos, es esencial para
enfrentar los retos actuales de las organizaciones. En este contexto, esta investigación tiene como objetivo describir el nivel de
competencias comunicativas de los estudiantes del programa de Administración de Empresas en las modalidades presencial,
distancia y virtual, tomando como referencia el modelo situacional propuesto por Hellriegel, Jackson y Slocum. El estudio se
realizó en dos universidades privadas del departamento de Caldas, donde hasta ahora no se habían abordado estos aspectos de
forma sistemática. Se adoptó un enfoque cuantitativo de tipo transversal, aplicando el instrumento desarrollado por los autores
mencionados a una muestra no probabilística por conveniencia, compuesta por estudiantes de ambos programas académicos.
Los resultados revelan que la competencia comunicación está en un nivel promedio, estos hallazgos permiten abrir la discusión
sobre los contenidos curriculares y aportan elementos valiosos para reflexionar sobre los procesos de formación en programas
de administración, valiosas para las demandas contemporáneas del ejercicio gerencial.
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Marco teórico
La competencia para la comunicación representa uno de los pilares en el desarrollo de habilidades gerenciales, según
los planteamientos de Hellriegel et al. (2017), esta competencia trasciende la simple transmisión de información para
convertirse en un elemento estratégico que potencia el desempeño organizacional. Sin embargo, una visión integral de la
comunicación gerencial exige contrastar este modelo con otros marcos teóricos relevantes, tales como el S-M-C-R de Berlo,
el transaccional de Barnlund y el circular de Osgood y Schramm, que enfatizan la importancia de la retroalimentación,
el contexto y la simultaneidad en los procesos comunicativos dentro de las organizaciones (Berlo, 1960; Barnlund, 1970;
Osgood & Schramm, 1954); estas perspectivas complementan la propuesta de Hellriegel, Jackson & Slocum (2017) al
subrayar que la comunicación efectiva requiere no solo claridad en el mensaje, sino también la adaptación al receptor y al
entorno organizacional cambiante.
La comunicación de acuerdo con Hellriegel et al. (2017) se compone de tres dimensiones las cuales son la comunicación
formal, la información y la negociación. La comunicación formal, de acuerdo con estos autores incluye la capacidad de
efectuar “presentaciones públicas persuasivas que tienen mucho impacto y manejar bien las preguntas” (p.19), esto implica
que el gerente debe dominar técnicas de oratoria, argumentación y persuasión para transmitir mensajes institucionales de
manera efectiva. La dimensión se extiende también a la comunicación escrita, pues el gerente debe ser capaz de escribir “de
forma clara, concisa y efectiva utilizando una serie de recursos de computadora” (p.19).
Sin embargo, la literatura contemporánea advierte que la comunicación formal enfrenta barreras estructurales y culturales
que pueden limitar su eficacia, entre las principales dificultades se encuentran la rigidez jerárquica, la sobrecarga informativa,
la ausencia de canales adecuados y la falta de confianza entre los miembros de la organización (Vantage, 2024; Indeed, 2025);
además, factores como las diferencias culturales y de género pueden generar malentendidos y obstaculizar la transmisión de
mensajes (Zendesk, 2024).
En el contexto actual, la comunicación formal se ve profundamente impactada por la digitalización y el auge de los
entornos híbridos de trabajo, el uso de plataformas colaborativas, videoconferencias y canales asincrónicos ha modificado
las dinámicas tradicionales, exigiendo nuevas competencias tecnológicas y una mayor flexibilidad por parte de los gerentes
(Raona, 2025).
La dimensión informal de la competencia comunicativa complementa los canales formales y aporta fluidez a las
relaciones interpersonales dentro de la organización, Hellriegel et al. (2017) la definen como aquella que “promueve la
comunicación bilateral solicitando retroalimentación, escuchando y creando una conversación de tomar y dar”(p.19); hay que
tener en cuenta, que la comunicación informal también puede verse afectada por barreras de poder, desconfianza y diferencias
culturales, lo que puede limitar su potencial para fortalecer el tejido social organizacional (Zendesk, 2024); es importante
reconocer que, aunque la informalidad facilita la expresión de ideas creativas y la detección de problemas emergentes, no
siempre garantiza la equidad en la participación ni la transparencia en la transmisión de valores y tradiciones.