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daño en la mente del mismo. Las víctimas del maltrato psicológico usualmente también son afectadas por la violencia física,
pues se considera que la primera es un predictor para la segunda. Paradójicamente, la violencia psicológica es una de las
maneras de violencia menos examinadas y a la vez, probablemente la más sufrida (Safranof, 2017, p. 612).
Dentro del contexto de violencia de género, diversas investigaciones demuestran que la violencia psicológica está latente
y antecede al desarrollo de una conducta físicamente violenta en la pareja (Safranof, 2017, p. 612), en virtud de las leyes
ecuatorianas, el COIP sanciona al agresor psicológico en contra de la mujer con pena privativa de libertad que puede ir desde
los treinta días hasta los tres años dependiendo la magnitud del caso, sea este leve, moderado o severo (COIP, 2021, p. 60).
Además de los tipos de violencia antes mencionados, Araiza González (2016) reconocen dos modalidades de violencia de
género latentes en la sociedad en general: violencia económica o patrimonial y violencia simbólica (p. 138).
En primera instancia, el concepto de violencia patrimonial se refiere a “cualquier acto u omisión que afecte la
supervivencia de la víctima” (Flores Espejel, 2012, p.08). Este tipo de violencia engloba aquellas manifestaciones de hurto,
destrucción, retención de objetos materiales, documentación personal, bienes, capital o recursos económicos (tangibles e
intangibles) que son destinados para la satisfacción de necesidades de los individuos.
Algunas mujeres consideran que la violencia patrimonial de género ocurre constantemente dentro del sistema familiar
convencional donde el hombre tiene el control de la administración sobre el patrimonio de la familia (casa, negocios, dinero),
y esto ocasiona un estado de inseguridad, perjuicios, segregación, estado de dependencia y perpetuación de la subordinación
hacia las mujeres (Castillo, 2020, p.03).
En segunda instancia, López (2015) define la violencia simbólica como “un proceso a través del cual se desarrolla la
reproducción cultural y la naturalización de determinados comportamientos y valores” (p. 04). Dentro del contexto de la
violencia de género la violencia simbólica se refiere a un mal hábito adoptado por una sociedad mayoritariamente machista
que -consciente o inconscientemente- reproduce y transmite los mismos patrones que perpetúan la desigualdad de género.
Estudios Empíricos Sobre Pobreza Espacial y Violencia de Género
Un estudio desarrollado por Flores Sparks (2017) para la Universidad de Texas con sede en San Antonio (Nuevo
México), analizó la hipótesis de que las tasas de femicidio son preocupantemente más altas en las zonas con mayores niveles
de pobreza y en los lugares más alejados de las ciudades de México, en comparación con otras zonas cuyos índices de
pobreza son más bajos. La data respecto a la pobreza utilizada en este estudio fue proporcionada por el Consejo Nacional
de Evaluación de la Policía de Desarrollo Social (CONEVAL), este organismo estima la pobreza con base en los niveles de
ingreso, y la información de homicidios proviene del Instituto Mexicano de Estadística y Geográfica (INEGI). El análisis fue
desarrollado mediante un modelo estadístico bayesiano en el que todas las variables son consideradas aleatorias, arrojó como
resultado que existe un agrupamiento geográfico significativo de los femicidios en México, y que los patrones espaciales
son persistentes en el tiempo. Adicionalmente, evidencia que la pobreza tiene una relación significativa con el riesgo de
mortalidad, consecutivamente se comprobó que la pobreza tiene una fuerte incidencia en aquellos lugares remotos que están
más alejados de las ciudades.
Por otra parte, Gracia Fuster et al. (2014) se centraron en el análisis de la epidemiologia espacial de la violencia de
género en la ciudad de Valencia, para ello se utilizó una considerable cantidad de covariables: estatus socioeconómico,
cantidad de población extranjera, número de familia (mujer + hijos), inestabilidad residencial, desorden físico, intensidad de
la actividad policial, superficie de solares, todo esto con el propósito de analizar la existencia de algún patrón significativo
en la distribución espacial de la violencia de género en los barrios de Valencia. En este estudio se utilizó una aproximación
bayesiana y una regresión de Poisson dio como resultado que la variable más significativa que vincula a los niveles
de violencia de género es el estatus socioeconómico, es decir, en los vecindarios más pobres son aquellos en los que
frecuentemente ocurre mayores casos de violencia de género.
La Universidad de Fudan en Shangai lideró otro estudio, el cual fue desarrollado por Beckwith et al. (2022), en este caso
se buscó identificar los factores relacionados con la perpetración de violencia, para ello se realizó un análisis sobre una muestra
de 5762 jóvenes que residen en áreas urbanas con alta pobreza de cuatro diferentes nacionalidades: Flanders – Belgica,
Shangai – China, Kinshasa – República Democrática del Congo, y Semarang – Indonesia. Las variables independientes que
se tomaron en cuenta para la regresión están asociadas con la perpetración de violencia, nivel de asociación entre familiares,
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