
Contribución de la mujer a la ciencia 25
la población de clase media y a los jóvenes, tanto mujeres como hombres. La razón por la que Jane Marcet se centró en el
estudio de las leyes de economía política son los círculos sociales por los que se movía. En esta obra se asientan los conceptos
sobre las bases de la organización capitalista y se da una breve introducción sobre el análisis del dinero y el comercio
exterior, desde el punto de vista de la Escuela Clásica. Escribió otros libros cómo “Las nociones de economía política de John
Hopkins”, dirigido a la clase trabajadora y “Ricos y pobres” que también se dirigió a este grupo social.
Harriet Martineau (Londres, 1802-1876). Divulgó la economía política. Trabajó para visualizar la importancia de
armonizar los intereses entre los propietarios y los trabajadores. En 1822 era colaboradora habitual de la revista Monthly
Repository. Más adelante realizó publicaciones divulgando los temas de la industrialización y sobre lo que llamaba ¨el
problema de la maquinaria”. Inspirada por su precursora, Jane Marcet, comenzó a desarrollar la idea de dar a conocer la
economía política a través de historias noveladas. Publicó la colección “Ilustraciones de economía política” una edición de
veinticinco novelas. Con estas novelas tiene un gran éxito, obteniendo prestigio intelectual y editorial, algo poco usual para
una mujer de su época.
Harriet Hardy Taylor Mill (Londres, 1807-1858). Los temas tratados en su obra son principalmente, la necesidad de
terminar con el conformismo social, la urgencia de permitir el acceso a la educación a las mujeres y la posibilidad de deshacer
un matrimonio mal avenido, es decir, la posibilidad de divorcio promovido por las mujeres. En cuanto al tema económico,
destaca la importancia de la formación de los trabajadores para poder aumentar los beneficios de la empresa. Fue combativa
frente a los estereotipos de la época en la que le tocó vivir. Tiempo después, Friedrich August Hayek, la describe así: “A la
delicadeza de su figura se unían unas fuertes convicciones y emociones que la empujaron a rechazar las rigideces sociales
y las rancias costumbres de su época, en la que una mujer se estaba bajo la tutela de los hombres como inferior intelectual
y excluida de muchas actividades que ella hubiera deseado llevar a cabo” (Hayek, 1951, p. 25) Escribió “La liberación de
las mujeres” en 1851. Demandaba la igualdad de derechos para hombres y mujeres en todas sus aportaciones, pero en dicho
ensayo destaca especialmente su interés por el derecho de voto de la mujer, rechazando la práctica de su época donde la
sociedad imponía a la mujer la obligación de ser madres o de ser nada. Fue pionera en introducir la importancia que tenía
la educación en las mujeres y la necesidad de ampliar esta educación. En cuanto a cuestiones económicas consideró dos
grandes apartados: la economía familiar y el futuro de los trabajadores y trabajadoras. En el primer apartado, rechazaba la
organización familiar de su época, por no creer en la subordinación y dependencia de la mujer de padres, maridos y hermanos.
Sobre el futuro de los trabajadores y trabajadoras presentaba la idea de mejorar la distribución de las rentas.
Los aportes de estas tres mujeres consisten en oponerse a la subordinación de las mujeres en la familia y a sus esposos
a consecuencia de su sexo y sobre todo, fueron sistemáticas divulgadoras del tema de la participación de las mujeres en la
economía, así como a su incorporación a la educación y al trabajo no remunerado. Las tres contribuyeron decididamente a la
divulgación del conocimiento económico mediante programas educativos de la temática.
En esa misma época en Cuba (1869) se levanta la voz de Ana Betancourt Agramonte (en la histórica Asamblea
Constituyente que redacta la primera Carta Magna cubana) afirmando que en Cuba todo era esclavo; la cuna, el color, el sexo.
En ese contexto argumentó que los hombres que se habían levantado en armas contra la metrópoli en 1868 para destruir la
esclavitud de la cuna peleando hasta morir, habían destruido la esclavitud del color emancipando al siervo por lo que había
llegado el momento de libertar a la mujer. Ana Betancourt abogó por el voto femenino y la igualdad de derechos de hombres y
mujeres ante la sociedad; elemento que se incluye en la Constitución de la República en Armas que fue la primera carta magna.
Mujeres y la Economía, finales del siglo XIX e inicios del XX.
Millicent Garret Fawcett (Londres, 1847-1929). Se destaca como iniciadora de las mujeres economistas británicas mejor
formadas de finales del siglo XIX. Es relevante su papel en la larga lucha para conseguir el sufragio femenino en Gran Bretaña.
Resume su postura así: “Lo que las mujeres necesitan para conseguir la igualdad salarial con los hombres es libertad
de entrada a las industrias y oficios cualificados y las oportunidades para una mejor formación profesional, además de la
organización de las mujeres en sindicatos, en los de los hombres, o en los suyos propios, y el poder político, es decir el
sufragio femenino para apoyar sus reivindicaciones industriales” (Economic Journal Garrett Fawcett, 1918, p.4)
Mary Paley Marshall (Gran Bretaña, 1850-1944). Fue siempre una gran defensora del papel de la mujer en el trabajo,
los círculos académicos e intelectuales y la incorporación de la mujer a la sociedad en general. Ella también llegó a ser una
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